¿Qué tipo de hambriento somos?

pourquoi jai faim

“El hambre es una pulsión y el apetito un equilibrio” Pourquoi j´ai faim? Marie Thirion

Ando últimamente leyendo este libro, buscando, entre otras cosas huir de esa pulsión y acercarme al equilibrio. Cada cual busca los recursos donde puede y yo, los acabo encontrando en la razón. Digo yo, que si acabo descubriendo los mecanismos del hambre, aprenderé a controlarla.

La autora (una pediatra francesa que quedó fascinada con la Biografía del Hambre de Amelie Nothomb y decidió escribir este libro) hace diversas clasificaciones del hambre y la verdad es que disfruté mucho poniéndole nombre a mi manera de comer y a la de los que me rodean.

Debo hacer una aclaración previa y es que aquí hablaré sólo del hambre que sufrimos dentro de la abundancia; nada del hambre real que sólo una generación atrás martirizó a media España y entre los que se encontraron mis padres.

Ahí van:

Hambres provocadas por la costumbre:

Hambre-péndulo: esta es básicamente un tema de horario. Si hemos sido educados en una familia con horarios fijos, tendremos hambre todos los días a las mismas horas y desde que despertamos. Esta es el hambre que nos hace mirar el reloj hacia el mediodía y a la caída de la tarde.

Es curioso que este hambre puede cesar sin haber comido; suele ocurrir cuando nos mantenemos concentrados en otra actividad a la hora teórica de la comida. Ocurre que volveremos a tener hambre a la hora habitual de la siguiente comida. Una buena noticia para los que “sufren” de este hambre es que es fácilmente manejable: si nos acostumbramos a saltarnos una comida, el cerebro lo acabará incorporando como otra costumbre y se olvidará de avisarnos.

Hambre de estación: esta, muy cercana a la anterior, está ligada a la luz del sol. Parece  ser que todavía llevamos en los genes esa información que nos lleva a cargarnos de energía cuando comienza el otoño, previendo la dureza y escasez del invierno y a relajar el hambre en primavera (aunque la mía jamás se relaja), anticipando la abundancia del verano. Este hambre, necesaria en su momento, ha dejado de tener sentido en nuestra confortable sociedad actual.

Hambre-volumen: es un hambre (y una saciedad) condicionadas por la simple mirada. Echamos un ojo para valorar la cantidad de comida que se nos está sirviendo, tratándose de una simple verificación: ¿es la cantidad que suelo tomar?  Si es así, la saciedad llegará fácilmente; si no, el hambre continuará al final de nuestro (¿pequeño?) plato. Y aquí estamos hablando solamente de volumen, a la porra el valor nutricional.

Este hambre está muy vinculada a los hábitos de la infancia así que cuidado con obligar a acabarse el megaplato rebosante de pasta al niño.

Aquí viene muy bien una cita de “La biografía del hambre” de Amelie Nothomb: “ Mi padre es un mártir de la alimentación. Es un individuo al que el hambre le fue inyectada por la fuerza y después perpetuamente reprimida”.

Hambre-espejo: Las culpables de este hambre son unas neuronas llamadas también espejo que nos hacen imitar lo que vemos en nuestro entorno. No es gratuito; esta imitación otorga coherencia al comportamiento de los grupos humanos. Frente a este tipo de hambre poco podemos hacer, al menos reconocerla y, quien sea capaz, ignorarla.

Hambre-deseo: La obtención de placer (además de la pereza) es claramente uno de los motores de la existencia y el comer no podía quedar al margen. El hambre-deseo es bastante compleja en la medida en que es producto de los placeres provocados por experiencias anteriores. Pasar delante de una panadería de la que sale el olor a pan recien horneado; oir desde nuestra oficina el ruido de cacerolas de la casa de enfrente; el recuerdo repentino del placer que nos provocó el sabor un alimento; esos momentos,  a priori inofensivos, pueden llegar a provocar que las alarmas del hambre se disparen. Un ejemplo muy ilustrativo es cuando, sin tener nada de hambre, tomamos un poquito de algo que nos gusta mucho, por ejemplo, una onza de chocolate. Cerramos los ojos, nos dejamos llevar por el placer y cuando los abrimos nos hemos zampado la tableta…

Saciar este hambre no es cosa fácil pues el placer que nos debe proporcionar tiene que estar a la altura del deseo que lo provocó. De ahí el consejo que suelen dar los nutricionistas: acompañar las comidas de toda estimulación agradable que sea posible. Relajarse, tomarse su tiempo, saborear y paladear el placer de cada bocado hará que la saciedad llegue antes.

Ahora llegan las hambres provocadas por el comportamiento:

Hambre activa vs pasiva: cuando llega el momento de alimentarnos, el ser humano responde básicamente a dos esquemas de comportamiento. Están los activos, aquellos que se lanzan a la preparación de la comida, que no dudan en recorrer varias supermercados en la búsqueda de un ingrediente… Resumiendo, estos serían los que disfrutan cocinando, ofreciendo y compartiendo lo que han preparado. Y están los pasivos, los que esperan que la comida llegue. Lo curioso de este tipo de “hambrientos” es que si la comida que se presenta en la mesa (!que con suerte la haya preparado otro!) es abundante, comerán también abundante. Pero si, en cambio, la comida se presenta escasa, la saciedad llegará también deprisa.

Hambre depredadora (barracuda): de esta, nadie presume, aunque abunde en nuestra sociedad actual. Se trata de grandes comedores, ruidosos, expansivos, siempre dispuestos a apropiarse no sólo del alimento ajeno… Curiosamente, estos comedores no suelen haber sufrido hambre en su infancia; simplemente no le fueron enseñados los límites sociales a su hambre perpetua.

Hambre irreprimible: esta nos llega a todos en algún momento. Es esa hambre sin fin, que te hace comer mucho más allá de lo que realmente necesitábamos y que suele acabar en el baño o en la cama. Este comportamiento suele desencadenarse por razones muy dispares: la sensación de soledad en una casa vacía y el frigorífico lleno; la sensación de escasez en el bufé que sigue a una recepción. Recuerdo una vez, muy lejos de España, que tras la celebración de despedida de un compañero de trabajo, una amiga y yo nos apostamos ante la mesa de jamón y queso manchego (algo que no veíamos en meses) y, sin mediar palabra, comimos hasta que comenzamos a sentir cierto mareo. En ese momento despertamos, y entre la vergüenza y las risas nos alejamos discretamente….

Hambre de pajarito: los que la poseen, pasan el día con hambre pero se limitan a picotear delante del plato, escogen cada guisante y rechazan lo que hay en la mesa. Son los que quieren pescado en el asador, verdura en el restaurante de pescado…  Simultáneamente incapaces de dejarse llevar por el placer de comer y de dejar de pensar en ello.

Hambre sin hambre: para mí la más inquietante. Los que la padecen no sienten la llamada del hambre, no reconocen ningún signo que responda a la falta de alimento pero sí que tienen un deseo inconsciente permanente. A la par que no hay sensación de hambre, tampoco la hay de saciedad lo que conduce a comportamientos alimentarios excesivos e incluso una fuerte adicción al tabaco; todo para que la boca no esté vacía. Aquí encontraríamos a aquellos con obesidad que no son conscientes de lo que comen y sobre todo, porqué lo hacen.

El origen de este desaprendizaje viene de la más tierna infancia, vinculado a la falta de uno de los dos componentes esenciales de la saciedad: o bien un aporte adecuado de nutrientes o bien la falta de un contacto cálido y tranquilizador. La frustación en el bebé es tal que aprende a no sentir y borra todo aquello que se le debería haber inscrito como primeros signos de comportamiento alimenticio.

Hasta aquí las hambres vinculadas a automatismos cerebrales de los que en su mayor parte somos inconscientes. Ahora abriremos la caja de pandora: las emociones. No hay hambre que no cree emociones ni emociones que no modifiquen las señales del hambre.

Pero tratándose de hambres emocionales nos podemos olvidar de clasificaciones racionales, aquí ya no hay “hambrientos-tipo”. Es verdad que el aburrimiento, la angustia y la tristeza crónica suelen llevarnos al picoteo continuo para llenar ese vacío , al igual que la tristeza muy intensa, la cólera, o el asco tenderán a eliminar el apetito en la mayoría de nosotros. Este será el comportamiento mayoritario, pero quien no se ha visto alguna vez comiendo compulsivamente cuando ha sentido miedo, comer porque “!ya no puedo más!” o intentar que se pase “el cabreo” comiendo algo.

Las emociones temen a lo desconocido; cuando las situaciones en las que nos encontramos son predecibles, las emociones se reducen al mínimo pero en cuanto nos encontramos en una comida con personas que no conocemos (y a veces que ni entendemos o que parecen venidas de otro planeta), o ante cualquier situación que no controlamos, las emociones se disparan. Emociones que pueden conducir a dos comportamientos opuestos: o bien a una saciedad inmediata, sin duda para reducir a lo mínimo esa situación que percibimos incómoda. O bien que nos comemos todo lo que se nos pone delante con el fin de ocupar el tiempo y así calmar algo la angustia.

Dicen los expertos que la memoria más profunda es aquella de nuestras emociones; los recuerdos más indelebles son aquellos vinculados a emociones fuertes. Si a esto unimos ese mecanismo consolador de la comida: al bebé que llora se le da de comer; al niño que se cae, una chuche; al niño que se le vacuna, un caramelo (por el propio médico!) ya tenemos el coctel perverso. Nos quedará bien gravado que comer es un calmante y ante toda situación incómoda acabaremos hincando el diente.

Nunca somos conscientes hasta que punto nuestras emociones influyen en nuestros hijos y teniendo en cuenta que darles de comer se repite varias veces al día, deberíamos estar muy alerta de cómo nos comportamos en esos momentos. Al igual que beben la leche materna, beben nuestro miedo a que no seamos reconocidos como buen padre-madre, nuestra tristeza cuando no les conseguimos calmar, nuestra cólera ante tanta dependencia….

Y para terminar quedaría el hambre que deriva de nuestra condición de ser social, gregario, que llamaremos “hambre convivial”. Comer a solas no suele ser lo habitual; se organizan comidas de trabajo, se invita a beber y comer al que llega, se invita a un restaurante a quien queremos seducir. En definitiva, tendemos a buscar razones para acabar comiendo en grupo. Y al igual que vivir juntos equivale a adaptarse el uno al otro, la comida no queda al margen y en esto también nos adaptamos al de al lado. En una gran comida, acabamos repitiendo si la mayoría lo hace, a tomar ese postre que ya no te cabe pero que todo el mundo toma. O en un restaurante acabamos pidiendo esa tarta de chocolate culminada con un churro de chantilly simplemente porque se lo has visto al de la mesa de al lado.

Este comportamiento gregario parece que es más intenso en la adolescencia (puedo dar fe…), momento de distanciamiento de las costumbres familiares y de sustitución por otras referencias. Ocurre con la ropa, el vocabulario, los horarios, pero también con las comidas. La manera de comer de los amigos, el tipo de comida que eligen, incluso las cantidades, viene a ser la nueva norma. Una nueva “cultura alimentaria” como prueba de la integración.

Aquí quedan resumidas todas estas categorías que Marie Thirion hace de esa sensación que compartimos todos. Puros no habrá ninguno, la mayoría de nosotros tendremos, por ejemplo, un 15% de péndulo, un 18% de activo, un 2% de hambre-volumen, un 19% de emocional y el resto de convivial, con lo que la etiqueta será difícil pero espero que esto sea de ayuda para entender esa faceta nuestra que, aunque nos acompaña a diario, es una perfecta desconocida.

141688 Total Views 2 Views Today

10 thoughts on “¿Qué tipo de hambriento somos?

  1. Estoy en Murcia y he pasado tu web a una “amiga chocolatera”. A ella le fascinan el chocolate y sus posibilidades.
    Creo que he padecido todos los tipos de hambres que describes. Gracias por hacerme reflexionar.

  2. ogen zijn open: heeft hij nodig om ze te sluiten voordat hij kan houden saucony-miehet-kengät van zijn leraar van waarheid? Hij alleen kan liefhebben, met een juiste dankbaarheid Nuovo Moncler Uomo en oprechte loyaliteit van de ziel, de Hero-leraar die hem uit de duisternis heeft geleverd in licht.

  3. seen to be coloured by its dregs; and such discoloration Uomo Moncler Giacche has been even seen on many occasions inside the stomach itself, in cases where there have been wounds opening into that organ. However, it is perhaps adidas suomi silly to be minutely particular in dealing with silly state

  4. 《绣春刀·修罗战场》开机 张震杨幂初次联手 《绣春刀2》开机 原班人马回归打造暗黑新武侠 腾讯文娱讯 2014 妹子 年暑期,路阳导演的电影《绣春刀》惊鸿出生避世,成为昔时国产片的一匹黑马。不仅票房不俗、金马奖加身,更播种各界好口碑。而原班人马履历两年的精心准备,导演路阳与监制宁浩“双刀合璧”,终于再次开启新作《绣春刀·修罗战场》,谱写暗黑新武侠,延续《绣春刀》系列之出色。本日(3月16日)影片众主创聚会,于北京举行“铁骨刀魂 热血淬炼”开机发布会。张译、雷佳音、辛芷蕾、李媛全新声威亮相;张震、杨幂更压轴出场,完成初次协作。发布会上还曝光了影片开机准备视频,揭秘电影两年来的淬炼打磨;并发布了极具热血漫

  5. 怎么获得淘宝的优惠券啊?哪里有淘宝优惠券?我在这个网站 ht http://youhuiquan.naerme.com/ tp://youhuiquan.naerme.com/ 发现有淘宝天猫购的优惠券。购物时,一定记得要先领券,再通过下单链接购买哟。在付款时会减去优惠券的金额。比正常在淘宝上买省了不钱。老公再也不用担心我乱花钱了。祝你购物愉快!

  6. and in the Rongdi battle tested repeatedly,niketrackid=sp- niketrackid=sp-006 006, three, the curator mentioned in ancient Rome beauty culture is established based on the ancient Greek culture and Oriental civilization. Why can she be a portrait of five thousand yen? “Huang song? Qin the extension to Trinidad, The co

Leave a Reply to Salomon Kengät Cancel reply

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>